Quiero irme a casa
Por Antonio Herrera.
Estos son sólo algunos casos que ilustran a las personas que fueron recluidas en el centro de detención para migrantes, por lo que, este reportaje busca darles rostro a las estadísticas oficiales. Todos los casos son verídicos, aunque a algunos se les cambió el nombre para preservar su identidad. Se omiten testimonios de mujeres, debido a que, éstas están separadas. En el lugar no hay menores de edad.
Las Vegas Nevada, marzo 03 de 2025, 12:10 PM.
Los rayos de sol caían justo a medio día sobre la moderna plaza y el reflejo luminoso y caliente rebotaba sobre el pavimento. Anselmo iba a bordo de su bicicleta cuando un coche blanco le cerró el paso, a sólo 20 pies del supermercado, éste se disponía a comprar leche para su hijo de cuatro años que lo esperaba en departamento bajo el cuidado de su pareja a escasas tres cuadras de donde casi cae de la bicicleta por el repentino asalto.
Dos hombres con pantalones tácticos, chalecos antibalas y pistolas al cinto descendieron de inmediato del automóvil por las dos puertas de la derecha mientras él aún no salía de su asombro, alcanzó a mirar sobre su hombro hacia atrás cuando se percató que un segundo vehículo que tampoco tenía rótulos o insignias se estacionaba de manera abrupta a pocos metros de él. Estaba rodeado, no había forma de escapar, aunque tampoco lo habría intentado, era un hombre honesto que nunca había tenido contacto de ninguna índole con la policía, al percatarse de los gafetes que portaban los agentes que le detenían donde se leía “Homeland Security”.
De inmediato descubrió que la peor pesadilla que había tenido durante más de 30 años se convertía en realidad… tantas veces se lo había imaginado y hasta había bromeado siempre en su trabajo con sus compañeros que, al igual que él se encontraban de manera ilegal en ese país. En repetidas ocasiones, sólo era un simulacro-¡La migra!- y entre carcajadas corrían a esconderse; pensaban en esos operativos masivos en los que llegaba una marabunta de agentes a detener a todos y siempre sólo unos pocos escapaban. Algunos hasta evitaban ir a los bailes de música regional por temor a ser capturados y deportados. Esta vez no fue así, cuatro agentes para detener a un solo indocumentado sin delitos, sin haber cometido infracción alguna y justo afuera de un supermercado mexicano, de esos en donde hasta los empleados carecen de documentos para trabajar de manera legal y todos los saben, es un secreto a voces y cuyos únicos beneficiados son el empleador y un gobierno que voltea para otro lado cuando registran un número social o una “green card” falsa de las que usan para aplicar y poder trabajar, mientras que el mismo gobierno cierra los ojos cuando en cada cheque que el trabajador indocumentado recibe se descuentan por lo menos 300 dólares para beneficios médicos y de retiro, además del pago de impuestos, beneficios que, por supuesto ninguno de ellos recibe.
Dato: — Cada año el gobierno federal estadounidense recauda más de 90 billones de dólares (en 2022 fueron 97 billones) de cuentas de seguro social falsas por concepto de “Social security y Medicare”que van directamente al erario sin que los trabajadores reciban ese beneficio y sin que se rinda cuentas en qué se gasta ese dinero. – Fuente: IRS.
Anselmo no fue detenido por cometer algún delito, bastó su color de piel, su cabellos lacios erizados y el rostro de ancestros indígenas para que los agentes determinaran su origen inmigrante. No hubo necesidad de que se identificara, cuando los oficiales de inmigración le preguntaron si era ciudadano, en un inglés rudo y altisonante él sólo se limitó a decir –“I don´t answer questions”, no era bilingüe, pero tenía el nivel suficiente de inglés para entender lo que hablaban entre los policías, quienes de inmediato le colocaron esposas en las manos y grilletes en los pies con una cadena corta y otra más larga que rodeaba su cintura y cerraba la serie metálica que se sintió tan humillante, ante la mirada de los clientes de la plaza comercial que se disponían a entrar a la tienda o que pasaban por el lugar. Ninguno se acercó, más bien… huyeron.
Ficha técnica en super:
Nombre: Anselmo M.
Edad: 56 años.
Tiempo en EU: 32 años.
Lugar de Origen: Morelos, México.
Lugar de detención: Las Vegas Nevada, afuera de una tienda hispana.
Nivel de custodia: Bajo.
Al cabo de 20 minutos llegaron a la oficina operativa del departamento de inmigración (US Inmigration and Customs Enforcement, ICE, por sus siglas en inglés) ubicadas en el centro de Las Vegas, muy cerca de la zona turística del Freemont Street, en donde lo bajaron del auto y le retiraron las cadenas de pies y manos para hacerlo pasar a una celda en donde se encontraban al menos otros 15 detenidos, algunos sentados y otros cuantos acostados en una banca de cemento, quienes lo miraron indiferentes y serios.
En ese lugar el ambiente no era tenso, sino más bien de tristeza y desolación, la mayoría de ellos tenía la manos en la cabeza como si estuvieran repitiendo dentro de su mente la manera en la que fueron detenidos y pensando cómo podrían haber evitado ese momento que pudo ser producto del destino, de la casualidad o un simple descuido. La mayoría ya llevaba varios años en el país y a pesar de que, eran muy precavidos, no se habían tomado la molestia de prevenirse para esas situaciones. De pronto, pasaron tres horas que se sintieron interminables y ellos estaban incomunicados, los agentes les proporcionaron un sándwich de jamón, un jugo de naranja y una manzana dentro de un paquete plástico; la mayoría no lo comió, no era el hambre lo que los tenía inquietos en ese momento, sino la angustia de estar en ese lugar y bajo esas circunstancias.
Uno a uno les fueron llamando, Javier fue el siguiente, un mecánico que también fue detenido en esta ciudad cerca de las calles Easter y Bonanza, justo afuera de su departamento donde reparaba un automóvil que le habían llevado por un problema en el encendido. Desde hace seis años había llegado a esta ciudad en busca de un mejor ingreso, se trajo con él a su esposa y una hija, después nació otra niña, de las que él era el único sostén económico. Javier sería de los últimos de ese grupo que pasarían a hacer el registro, para entonces ya eran casi las cuatro de la tarde y su angustia se hacía mayor, pues fue removido de este lugar sin poder avisar a su familia, el coche con el cofre abierto y sus herramientas habían quedado esparcidas afuera de su cochera, tenía la confianza de que algunos vecinos lo hubieran visto y avisado, aunque él no vio a nadie cerca, en el momento en que fue detenido, lo más probable es que la mayoría se haya escondido al ver a los agentes de inmigración cuando le colocaban las cadenas en pies, cintura y manos, -esas cosas no se veían por ese barrio- pensó en su interior, mientras la depresión se hacía más evidente.
Llegó a una oficina en donde una mujer rubia de unos 50 años, estaba sentada a un lado de una de las agentes que habían participado en otras operaciones de detención, otra más estaba parada a un lado, todas vestían el uniforme de la agencia y portaban un gafete que las identificaba. Las dos jóvenes eran de origen incierto, una mezcla de latinas con blanco y la otra con un rasgo asiático, no pasaban los 25 años, las estaban instruyendo en cómo llenar el formulario de ingreso, claramente eran novatas y habían sido contratadas recientemente; la mujer rubia era poco paciente y las corregía a cada paso que ellas daban mientras ingresaban los datos en la computadora.
Ficha técnica en super:
Nombre: Javier Z.
Edad: 42 años.
Tiempo en EU: 6 años.
Lugar de Origen: Jalisco, México.
Lugar de tención: Las vegas Nevada, afuera de su departamento en una zona céntrica.
Nivel de custodia: Medio.
A Javier le preguntaron su nombre completo, su fecha de nacimiento, su lugar de origen, los nombres de su familia, números de contacto, lugar de origen, filiación política y religiosa y dónde trabajaba; le tomaron huellas digitales (labor difícil pues aún tenía las esposas en sus manos), le sacaron fotografías, lo pesaron, lo midieron y como tenía tatuajes visibles, lo pasaron a otro cubículo en donde lo desnudaron para revisarle cada parte del cuerpo, le tomaron fotografías de cada una de las marcas de tinta y de lesiones que tenía. El proceso duró más de una hora, sólo hasta ese momento le permitieron hacer una llamada de tres minutos, debía elegir entre ocuparla para contactar a su familia o a su abogado, no podía hacer ambas, él había llegado a este lugar desde las 9 de la mañana, para entonces ya habían pasado siete horas de angustia y desesperación.
Después del proceso de ingreso le entregaron un folleto con las normas del centro de detención y le pusieron sobre la mesa unos documentos en inglés; no había traductor y su nivel del manejo del idioma era bajo, casi tan bajo como el español de las oficiales que hicieron el papeleo. Ahí fue cuando por primera vez le leyeron sus derechos y le dieron a conocer formalmente que, estaba en un proceso de deportación, por lo que sería llevado a un centro de detención, en donde esperaría a que dicho proceso culminara ya que, un juez sería el encargado de determinar si sería deportado o saldría bajo fianza y quedarse en Estados Unidos.
Por primera vez escuchó en un español muy malo a la mujer de origen asiático quien le ofreció firmar su salida voluntaria del país, mientras le acercaba un lapicero a la mano y le señalaba con el dedo índice la línea en donde debía plasmar su consentimiento. Con sólo tres minutos que tuvo para hablar con su esposa, sin tener acceso a su abogado y con los problemas que se le venían encima, su mente estaba nublada, sabía que sería deportado, la situación en el país con el presidente Donald Trump usando todo su poder para expulsar a los inmigrantes era tensa e incierta y en las noticias no se veía nada bien, no había muchas esperanzas de quedarse, pero al menos daría la batalla, moviendo la cabeza como un péndulo y con voz baja, pero tajante dijo: -no, no quiero firmar- y lo repitió en inglés -I don´t want to sign-.
Fue llevado de nuevo a la celda en donde le quitaron las esposas y llamaron a un detenido más, quien salió para que le colocaran las cadenas y hacer el mismo procedimiento que su antecesor; este hablaba menos inglés y era incierto cómo sería la entrevista, pues el nerviosismo se juntaba con las ganas de llorar y la angustia de saber que de todos los que habían pasado antes, a ninguno lo habían dejado libre, todos serían llevados al centro de detención sin saber el tiempo que pasarían ahí. Un total de 16 inmigrantes fueron subidos a una vagoneta, con las humillantes cadenas en pies y manos, nadie bromeaba hasta que cuando la vagoneta iba a exceso de velocidad (circulaba a 90 millas por hora en un tramo de 60), alcanzó a decir: -¡nos vamos a voltear en la próxima curva, manejan como locos!, lo malo es que a nadie le va a importar-.
Llegaron en 45 minutos aproximadamente al centro de detención en Pahrum Nevada, al norte de la ciudad del pecado, ahí ya interactuaban mexicanos, salvadoreños, venezolanos, colombianos y un rumano quienes todo el camino habían venido observando la ciudad, por la ventanilla del vehículo, tal vez por última vez. Le tomó mucho tiempo al guardia abrir la puerta, revisar el vehículo y dejar que siguiera su camino hasta el primer edificio, hasta llegar a un módulo en el que serían formados para retirarles las esposas y meterlos a una celda, donde pasaron otras dos horas, de esas interminables que alteran los nervios y hacen que el interior de esa jaula con puertas metálicas fuera más incómodo de lo que parece.
Poco a poco fueron llamados para que se quitaran la ropa, la cual fue colocada en bolsas y ganchos para después otorgarles los uniformes de la prisión; eran colocados en un costal de red seis pares de calcetines, seis camisetas y seis calzoncillos, así como unas chanclas de hule color naranja, dos pantalones y dos casacas, con la instrucción de no dañarlas. También les proporcionaron un kit de aseo personal que contenía jabón, champú, pasta con cepillo de dientes y un peine, un pequeño radio y auriculares que aún no sabían cuál era su función exacta. En otro escritorio les hicieron inventario del dinero y pertenencias que llevaban al momento de ser detenidos y tuvieron que firmar para que fueran resguardados en la unidad. No se les permitió quedarse con ninguna de sus pertenencias, pero al menos les retiraron las incómodas y vergonzosas cadenas con las que habían llegado y fueron ingresados al complejo que tiene capacidad de albergar a mil 600 migrantes.
Llegaron de madrugada, ya habían pasado 17 horas desde que fueron detenidos, algunos más pues los trajeron desde Salk Lake City en Utah, dicho viaje duró más de 7 horas, sentados en los incómodos asientos de metal del autobús, encadenados y sin la oportunidad de ir al baño.
Antes de entrar a la unidad a donde serían confinados les proporcionaron una colchoneta forrada en hule impermeable, una almohada sellada con una protección de plástico, sábanas y una pequeña frazada gris, tan delgada que se transparentaba la luz artificial de la prisión. Para entonces, ya eran las cuatro de la mañana, había 50 camas tipo literas que les fueron asignadas aleatoriamente, algunas abajo, otras arriba, ellos mismos acomodaron sus colchones y colocaron las sábanas y almohadas y se tiraron a dormir. A pesar de que, el colchón no era muy cómodo sintieron un alivio cuando finalmente pudieron descansar, pues todo el día sólo habían podido intentarlo en bancas de concreto o sentados sobre el piso.
El sueño no duró mucho, pues a las 5:30 de la mañana se encendieron las luces y el guardia llamó a desayunar, era la primera comida del día y todos se levantaron a hacer una fila, ante un gabinete con ruedas que portaba la comida. Dos voluntarios de los mismos detenidos eran los encargados de distribuir los alimentos, luego los reclusos pasaban al comedor destinado en esa misma sala en donde los consumían. Apenas 10 minutos habían pasado y los últimos en ser servidos se habían colocado al comedor cuando el guardia gritaba -¡count down!- lo que indicaba que todos debían devolver sus charolas y dirigirse a su cama para que fueran contados. Entre gritos de inconformidad y rechiflas los detenidos obedecían, casi nunca desacataban las instrucciones de los guardias, a pesar de que la mayoría de las veces eran mujeres las que estaban a cargo de los dormitorios.
Después del conteo, nuevamente se podían dormir algunas horas, pues a las nueve de la mañana se permitía levantarse de las camas y poder hacer esparcimiento en la parte del comedor que fungía también como sala de recreación. Sobre la pared colgaban cuatro monitores con señal de televisión abierta sin volumen, los radios portátiles que los detenidos habían recibido servían para sintonizar las señales que emitían el audio de cada televisión y así poder escuchar sin molestar a los demás; muy ingenioso, hasta que se acababan las baterías.
Una vez instalados en la unidad, cada semana los detenidos reciben de manera gratuita 20 dólares para hacer llamadas telefónicas (un dólar por minuto), si cuando fue arrestado traía consigo dinero en efectivo se le coloca en una cuenta para la “comissary” un sistema en donde se puede comprar mercadería, comida, productos de aseo personal a través de un software que está instalado en unas tabletas, con las cuales también pueden hacer videollamadas; son 20 dispositivos para 100 internos, pero sólo funcionan bien para audio 5, lo cual constituye un lujo poder acceder a ellas.
Dato: Sólo durante el 2024 la empresa privada Core Civic recibió del gobierno de Estados Unidos un total de 1 mil 990 millones de dólares para operar los centros de detención en varios estados del país. Existe otra empresa denominada The GEO group Inc. Cuyos ingresos fueron en 2024 de 1 mil 060 millones de dólares, pero esta compañía realizó múltiples inversiones para incrementar su capacidad de resguardo de migrantes, pues en 2025 estos contratos serían incrementados. Ambas empresas han enfrentado críticas de organizaciones de derechos humanos por las condiciones de sus instalaciones.
LOS HOMBRES NO LLORAN
A diferencia de la cárcel, en el centro de detención para inmigrantes, el ambiente es tranquilo, de camaradería y cordialidad a pesar de que casi nadie se conoce pues al momento de llegar, los grupos son desbaratados por los guardias al ser colocados en diversas unidades. No obstante, se van formando nuevas amistades, principalmente por etnias o nacionalidades. Así muy pronto se integró el grupo de los colombianos, venezolanos, salvadoreños, guatemaltecos, asiáticos y rumanos, mención aparte los mexicanos quienes al ser mayoría interactúan no sólo entre ellos sino con todos los demás. Cuentan la manera en la que fueron detenidos y a lo que se dedicaban, pero siempre será más reservada la información familiar o los temores a los que se enfrentan por el riesgo de ser deportados.
Caso contrario con las mujeres que, si bien no comparten el mismo pabellón y sólo una barda las separa de los varones, era fácil percibir sus lamentos y llantos cada vez que, llegaba la hora de salir para realizar alguna actividad física. Por su parte, los hombres no están acostumbrados a mostrar tan fácil sus sentimientos y tampoco quieren parecer débiles frente a desconocidos, quienes aunque se encuentren en la misma situación podrían juzgar la debilidad de los demás, es por eso que, aunque Manuel, originario de Guatemala es muy retraído, se conforma con estar la mayor parte de su tiempo leyendo el libro de mormón ya que hace dos años abrazó esa religión para tratar de enderezar su vida que había llevado por mal camino. Llegó a consumir no solo alcohol sino también drogas duras, cuenta que para aguantar las duras jornadas de trabajo, pues como no le alcanzaba con uno solo, tuvo que conseguir otro empleo por la tarde y únicamente dormía cinco horas, en esas salidas del trabajo los arrestaron cuatro veces por DUI (manejar bajo intoxicación por sus siglas en inglés), la última vez estuvo un mes en una prisión en Sal Lake City y salió bajo fianza.
Al obtener su libertad condicional (probation) tuvo que regresar a firmar cada mes al juzgado, fue la última vez que acudió a su cita, cuando fue entregado por sus mismos oficiales de custodia a los agentes de ICE que ya lo esperaban, ahí mismo fue amarrado con las cadenas a pies, manos y cintura y subido a una van que lo llevaría a un centro de detención donde después fue transferido a un autobús junto con otros inmigrantes y llevado al centro de detención en Nevada. Antes de iniciar el viaje les proporcionaron comida y les indicaron que fueran al baño, pues no harían paradas y, en efecto, así fue, encadenados y sentados en las incómodas bancas de metal fueron llevados al centro de detención en Nevada en un recorrido tan incómodo como humillante de casi nueve horas dentro del autobús por cuyas ventanas se colaba el frio extremo del invierno que más se percibe en la zona montañosa.
Ficha técnica en super:
Nombre: Manuel H.
Edad: 32 años.
Tiempo en EU: 8 años.
Lugar de Origen: Tehuehuenango Guatemala.
Lugar de detención: Salt Lake City, en los juzgados de libertad condicional.
Nivel de custodia: Medio.
Dentro del centro de detención conoció a muchas personas que estaban en su misma situación, (desde hace dos años el manejar bajo la influencia de alcohol o drogas fue considerado un delito, ya que, antes sólo era una falta administrativa). De hecho, la mayoría de las personas tenían este delito en su récord criminal, algunos varias veces. Ahí es donde Manuel se topó con muchos creyentes que habían optado por la religión para mitigar sus problemas, aunque él era el único mormón, encontró católicos, cristianos y hasta musulmanes que llevaban su fe más fervorosa en estos momentos difíciles, al final, era una manera de poder refugiarse ante sus problemas y mitigar sus miedos. Aunque todos creían en Dios, las formas de llevar sus prácticas religiosas significaron un conflicto a la hora de llevar a cabo sus ceremonias en un cuarto adyacente que también era utilizado para que los presos se cortaran el cabello. No, no era un servicio proporcionado por el centro de detención, pero nunca faltaba alguien de ellos que dominara el oficio de peluquería y sólo les proporcionaban una bata, un peine y una máquina eléctrica para cortar el cabello, no había tijeras ni navajas.
Dentro de la unidad de detención donde se encuentran 100 reclusos a veces se hacen grupos alrededor de las camas para compartir historias y/o comentar experiencias. Fue ahí donde Mikel P. de sólo 19 años fue llevado, al principio estaba triste y asustado, narró a sus colegas que había sido detenido en un camino rural en Utah cuando regresaba del trabajo junto con su patrón y algunos compañeros que se dedicaban a arreglar los jardines de zonas residenciales; pasaron a una tienda a comprar cervezas pues era sábado y sabían que podían relajarse un poco, aunque argumenta que nunca las abrieron, pues estaban conscientes del riesgo de ser detenidos. Cuando se disponían a partir, una patrulla se paró tras ellos, con el pretexto de que les faltaba una luz trasera (que nunca se comprobó), los oficiales les pidieron sus identificaciones, les hicieron una requisa personal y al vehículo donde encontraron no sólo las cervezas, sino también un cigarro de mariguana, ya que en ese estado no es legal la posesión y el consumo de dicha sustancia. Además, por el pánico Mikel se resistió al arresto y le valió ser sometido con lujo de violencia por los policías.
Esposado de manos, el joven venezolano fue llevado a la cárcel del condado donde estuvo una semana, después fue entregado a inmigración, cuyos agentes los trasladaron al centro de detención de Nevada. Fue una suma de fatídicas probabilidades, él era originario de una ciudad llamada Maracay en el Estado de Aragua, tenía varios tatuajes de estrellas, el nombre de su hija y un reloj, algunas cicatrices y todos los prejuicios en su contra. El dictamen fue inmediato: Pertenece a la pandilla delictiva “El tren de Aragua”, recientemente denominada por el gobierno de Estados Unidos como organización terrorista. Motivo por el cual fue detenido.
Con esta clasificación fue separado del resto de los detenidos y llevado a una celda en solitario en donde no tenía luz natural, sólo una cama de metal sin colchoneta y un inodoro en malas condiciones. No es tan deplorable como los de la prisión del condado, aun así los detenidos le llaman “el hoyo”, por estar incomunicados, sin nada de distracción y muy frio; entre sus paredes apretadas se escucha eco y la mente empieza a crear historias caóticas del incierto futuro, Mikel pudo dormir las primeras 10 horas a pesar de que la cama era muy dura y no tenía almohada, pero al despertar sintió una angustia y estrés tan grande que empezó a llorar y gritar, los guardias se acercaron a callarlo y amenazarlo, esto logró que ya no hiciera ruido, pero no se calmó.
El aislamiento no es considerado tortura, aunque así se sienta, el tiempo pasa muy lento y el no tener ningún tipo de estímulo visual o auditivo es desesperante, no hay relojes y la única manera de calcular la hora es con los tiempos de comida que no varían. Así Mikel pasó nueve días en total aislamiento, abrumado y desesperado empezó a desear la muerte, pero no había manera de morir más que azotarse contra las paredes y eso sería muy doloroso.
El muchacho tomó una de las sábanas que le habían proporcionado y la enredó a su cuello, la ató a la litera y se dejó caer con todas sus fuerzas, ahí es cuando se dio por vencido, por más daño que se auto infringía no había manera de morir, su instinto de supervivencia se imponía y se erguía con los pies cuando sentía que se le acababa el oxígeno. En ese momento pasó un guardia de seguridad y al ver la escena se apresuró a abrir la celda y levantarlo, estaba consciente pero ya tenía las marcas en su cuello y le costaba respirar. De inmediato el guardia solicitó ayuda por radio y llegaron paramédicos para llevárselo a la enfermería, ahí fue atendido y medicado. Al despertar después de dos días sedado recibió atención psicológica, estuvo bajo observación y para evitar la soledad lo colocaron en la unidad grande con el resto de los detenidos lo cual lo alegró mucho.
Mientras relataba su historia se le llenaron los ojos de lágrimas, pero alguno de los compañeros hizo un tono de burla, y los demás se unieron, no tenía el sabor de una burla, más bien fue un escape de la realidad, fue rescatar a Mikel del sufrimiento que sentía cuando recordaba lo sucedido y por una regla no escrita nadie se atrevía a llorar enfrente de los demás por más duros que fueran sus problemas, como sí lo hacían las mujeres, ni siquiera a la hora de las oraciones alguien se daba el lujo de quebrarse pues simplemente, ellos mismos no se lo permitían.
Nombre: Mikel P.
Edad: 19 años.
Tiempo en EU: 3 años.
Lugar de Origen: Maracay, Venezuela
Lugar de detención: Salt Lake City, afuera de una tienda de conveniencia.
Nivel de custodia: bajo.
En el sistema judicial de Estados Unidos, al ser detenido deben pasar menos de 72 horas para poder ver a un juez y éste determinará si hay los elementos suficientes para que se quede dentro de la cárcel o que pueda pagar una fianza para salir en libertad. Esas condiciones, extrañamente no se aplican en el sistema migratorio, donde los jueces deben lidiar con miles de casos acumulados y la espera en promedio para la primera audiencia, es de un mes. Es ahí donde el juez les da a conocer que pueden contratar un abogado que los represente, algunos que se adelantaron a este proceso avanzan más rápido, pero los que apenas toman la decisión son programados para una segunda audiencia, en un lapso de 30 días.
Dato: Actualmente hay un atasco con 3.7 millones de casos pendientes, lo que dificulta acelerar los procesos de deportación. Fuente: (ICE)
En los centros de detención para inmigrantes no hay contacto físico con el exterior, tanto los familiares, el abogado o el juez tienen interacción con el detenido únicamente a través de una pantalla de televisión; dentro de la unidad hay tabletas a las que, la mayoría de las veces no les funciona bien el sonido o cuando es una audiencia judicial en salas compartidas en donde convergen el juez, el abogado y un traductor. Cuando la deliberación inicia es una compilación de delitos tomados del récord criminal, la mayoría trae antecedentes penales, aunque también hay casos de quienes fueron detenidos sin justificación alguna y con ayuda de un abogado podrían solicitar quedarse bajo fianza dentro del país.
A Jhonatan lo detuvieron cuando se dirigía a su trabajo, pasó en su vehículo junto a un coche sin insignias, lo esperaban afuera de una fábrica de cocinas donde llevaba más de siete años trabajando, notó la presencia de los agentes federales y siguió su camino, entraron al patio de la empresa, ellos lo siguieron y le cerraron el paso, lo bajaron casi por la fuerza. Para alguien que nunca había tenido contacto alguno con la policía, pues jamás había cometido delito o infracción alguna fue un momento impactante, al bajar del coche cuestionó el motivo de su detención, solicitó alguna orden judicial y tardó en proporcionar su nombre, motivo suficiente para que fuera considerado que opuso resistencia y fue sometido por la fuerza contra su vehículo, le colocaron las esposas por la espalda a diferencia de otros detenidos que le son colocadas por el frente.
De origen español, Jhonatan era de los mejores jugando ajedrez, un hombre culto, sobresalía de los demás reclusos; cuando pudo hacer una llamada habló con sus hijas que él tenía en custodia para que se mudaran con su ex esposa a otra ciudad, casualmente él había platicado con su familia para que, en caso de que esto sucediera tomaran precauciones, sabía que podía pasarle, pero no lo esperaba tan pronto, fue detenido a sólo dos semanas de que el presidente Donald Trump asumiera el cargo. Lo extraño es que no sabía por qué lo habían aprehendido, no cometió ninguna infracción y pareciera que iban específicamente por él, empezó a especular y llegó a la conclusión de que alguien de sus subordinados en el trabajo lo había delatado, él era manager en la fábrica, un extranjero que había obtenido un permiso de trabajo temporal sobresalió y ahora coordinaba a varios ciudadanos con los cuales en ocasiones tenía conflictos porque no hacían bien su labor, -los latinos son los mejores trabajadores, no dan problemas, pero los gringos se reportan enfermos a cada rato y no quieren trabajar horas extras- decía al narrar su experiencia.
Él había entrado con visa de trabajo temporal, pero se le venció al cabo de tres años, no tuvo manera de renovarla y decidió quedarse, al saber su situación de inmigrante siempre tuvo la cautela para pasar desapercibido, nunca se metió en problemas ni manejó alcoholizado, no existía en su récord ni siquiera una infracción de tránsito, aun así los dados del destino cayeron en su contra, ahora la esperanza es que él fuera de los pocos que pueden salir para seguir su proceso en libertad, aunque sea con un monitor de tobillo mediante el cual, la oficina de inmigración podrá saber su ubicación en tiempo real.
Nombre: Jhonatan G.
Edad: 46 años.
Tiempo en EU: 12 años.
Lugar de Origen: Galicia, España.
Lugar de detención: Salt Lake City, dentro de la fábrica donde trabajaba.
Nivel de custodia: bajo.
Dato: Durante el año fiscal 2025, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE) ha liberado aproximadamente al 6% de los migrantes detenidos durante redadas recientes, lo que equivale a 461 de más de 8 mil personas arrestadas desde el regreso de Trump a la Casa Blanca.
Además, las tasas de concesión de fianzas han disminuido recientemente. Según un reporte del Centro de Información y Acceso de Registros Transaccionales (TRAC) de la Universidad de Syracuse, la tasa actual de concesión de bonos es del 31%, representando una caída significativa con respecto a años anteriores. Las probabilidades de que los jueces de inmigración concedan mociones de fianza para los inmigrantes detenidos variaron este año, desde un mínimo de solo el 3% en el Centro de Detención del Noroeste en el estado de Washington hasta el 45% en el Centro de Procesamiento Especial de Krome, Florida. Aún con fianza, muchos no tienen el dinero ni un tutor ciudadano que se haga responsable de ellos como lo exige el mandamiento judicial.
Fuente: Univisión / Universidad de Syracuse.
No todos los detenidos en el centro de inmigración habían entrado a Estados Unidos de manera ilegal, muchos de ellos obtuvieron una visa de turista o de trabajo, Jesús fue uno de ellos, en su pueblo al sur de México trabajaba como chofer de camión materialista, pero el ingreso era poco, recién casado tuvo que afrontar la muerte de su bebé de un año y luego su esposa fue diagnosticada con cáncer, la escasez de trabajo y la poca preparación (apenas había terminado la primaria) no le permitían acceder a un mejor empleo, por lo que fue seducido por una empresa que le ofreció la oportunidad como jornalero agrícola por 17 dólares la hora, una fortuna comparado con los 80 dólares que ganaba por semana en su pueblo natal. Sin pensarlo mucho, aplicó y juntó su dinero y hasta se endeudó dejando unos terrenos en garantía para pagar su vuelo y el costo de su visa; hizo sus cuentas, una oferta como esta no la superaba ningún trabajo que pudiera conseguir en México, pues aparte de los 17 dólares por hora le serían proporcionados alojamiento y comidas, era un ingreso que podría ahorrar casi en su totalidad. Nada podría salir mal y afrontaría la enfermedad de su esposa con los mejores médicos.
Dato: La visa que, el gobierno de Estados Unidos proporciona para trabajadores agrícolas temporales se llama visa H-2A. Esta visa permite a empleadores estadounidenses contratar a ciudadanos extranjeros para realizar trabajos agrícolas de carácter temporal o estacional.
La duración inicial está determinada por el período especificado en la certificación de trabajo temporal aprobada que, generalmente es de hasta 10 meses por año fiscal, es posible solicitar extensiones en incrementos de hasta un año, siempre que se presente una nueva certificación válida para el periodo solicitado. El tiempo total permitido en Estados Unidos bajo el estatus H-2A no debe exceder los tres años.
Al llegar Jesús al trabajo agrícola en California sintió en su cuerpo fuera de forma las extenuantes jornadas laborales bajos los rayos intensos del Sol, el lugar donde dormiría junto con decenas de jornaleros más, eran chozas de madera o casas de campaña, la comida de pésima calidad y cualquier otra comodidad que pudiera obtener el empleador se las descontaba de su salario, nunca alcanzó a ganar más de 11 dólares por hora y en ocasiones los pagos se retrasaban hasta por un mes. Para enviar dinero a su familia debía ir al pueblo más cercano en su descanso, donde aprovechaba a comprar víveres o artículos de aseo personal que, no le eran proporcionados en su lugar de trabajo, así veía que de lo que ganaba en un cheque se le iban 30 o 40 por ciento en las compras, pues en el Estado de California los productos básicos son muy caros, pero tenía que comprarse al menos un par de zapatos y ropa diferentes a los del trabajo. Alguna vez había ido con la misma ropa de jornalero y había sentido el rechazo de la gente, aunque fueran también latinos. Jesús se empezaba a cuestionar si el sueño americano era tan plácido como le habían prometido, vivir en condiciones infrahumanas y con el dinero limitado, lo desilusionaron mucho.
Ni siquiera aguantó a que la temporada de cosecha de jitomate terminara, los malos tratos de su empleador y la fatiga, tanto física como mental, hicieron que abandonara California, ese sería su primer error. De inmediato, su patrón lo reportó como desertor, su visa fue cancelada y se emitió una orden de deportación, algunos compañeros le dijeron que más adentro de la Unión Americana, las condiciones eran mejor, huyó hacia Utah donde consiguió trabajo de jardinero, ahí la paga era de 13 dólares, no era tanto, pero al menos completa y las cosas más baratas, ahí pudo rentar un departamento junto con otros compañeros y pronto se pudo comprar un coche de uso.
Sus condiciones de vida mejoraron, hasta podía tomarse unas cervezas los fines de semana, ahí es cuando cometió el segundo error que más tarde se lamentaría. Fue detenido por la policía, mientras manejaba, a pocas cuadras de llegar a su casa; traía más cervezas que había ido a comprar y venía con aliento alcohólico, ya tomaba seguido, tal vez era un escape de su realidad y el sentirse solo en un país ajeno, para entonces y a pesar de todos sus esfuerzos por enviar dinero, su esposa ya había muerto de cáncer, de igual manera habría fallecido si él hubiera estado con ella, pero al menos no le quedaría el remordimiento de no haber hecho todo lo posible para salvarla, el alcohol lo hacía escapar un poco de su triste realidad. No pasó la prueba de alcoholemia, fue ingresado a la cárcel del condado donde estuvo una semana y salió con libertad condicional.
Tuvo que pagar abogado y cumplir con todos los requisitos que le marcó el juez, era un proceso común, uno de sus compañeros de departamento había sido detenido en una ocasión anterior por el mismo delito y también estaba bajo libertad condicional. Así justamente fue como una mañana salió de su departamento rumbo al trabajo y afuera le estaban los agentes de inmigración quienes buscaban a su compañero, le preguntaron por él pero no supo qué decir, le pidieron que se identificara y pues al no encontrar a quien buscaban se lo llevaron a detenido a las oficinas del ICE en Saint George, Utah para luego ser trasladado al centro de detención en Nevada, donde luego de un mes tuvo su primera audiencia, aunque él mismo ya tenía planeado firmar su salida voluntaria, no se la concedieron, fue deportado por haber violado el tiempo de permanencia de su visa y por el delito de manejar bajo la influencia del alcohol. Después de casi dos meses de haber sido detenido llegó a su pueblo donde constató la misma pobreza que había dejado, no pudo ahorrar nada de dinero, todo se lo había gastado en paliar la enfermedad de su esposa a quien había dejado morir sola. Ahí se dio cuenta que el sueño americano había sido un grave error.
Nombre: Jesús O.
Edad: 32 años.
Tiempo en EU: 4 años.
Lugar de Origen: Tabasco, México.
Lugar de detención: Saint George, afuera de su departamento.
Nivel de custodia: medio.
EL PASADO LES PERSIGUE
Desde la llegada de Donald Trump los agentes de inmigración están realizando más redadas masivas para detener a extranjeros, pero la mayor parte de los detenidos vienen de las cárceles o de los juzgados en donde son citados para firmar cuando están en un proceso judicial; no son advertidos, llegan sin abogado y en algunos casos hasta separados de sus hijos en ese momento.
Los argumentos de los jueces de inmigración son que los deportados tienen delitos, aunque en ocasiones no es así, cualquier crimen relacionado con drogas o armas causa la inmediata deportación, algunos otros delitos como intoxicación al manejar o violencia familiar no son considerados tan graves, aun así casi la totalidad de los que caen a inmigración con este tipo de historial son deportados, incluso algunos cuya única infracción fue cruzar de manera ilegal.
La población interna era fácil de identificar: los internos vestidos de azul eran de nivel de custodia bajo, los de nivel medio vestían en color naranja y los que tenían delitos graves o eran clasificados como terroristas por pertenecer a una pandilla vestían de café. Sin embargo, dentro de la prisión estaban revueltos y convivían, aunque no siempre sin conflictos, en caso de algún incidente verbal, físico o robo de alguna pertenencia, el acusado era llevado al “hoyo”, una celda de aislamiento donde pasaba varios días como castigo para que escarmentara y evitaran problemas futuros.
Un inmigrante colombiano llamado Ramón que vivía en Idaho con su pareja tuvo una discusión familiar; ella lo agredió, él se contuvo y para no meterse en problemas y calmar la situación marcó al 911, tal vez la policía podría tranquilizar a su mujer que había perdido la calma en la discusión, esperaba que con sólo ver a los oficiales ella recapacitara y todo quedaría en una advertencia verbal. Su matrimonio siempre había tenido este tipo de dramas, pero esta vez había escalado demasiado.
La policía tocó a la puerta, él abrió, ella salió desaliñada y acusó a su esposo de haberla golpeado, dijo que quería presentar cargos, hubo un par de cuestionamientos de parte de los oficiales, él lo negó todo, la mujer histérica entre gritos insistió con su acusación. No se requirieron más pruebas, la palabra de la mujer ha tomado mucha fuerza ante la ley en los años recientes. Ramón fue llevado a la cárcel del condado. Luego de tres días detenido fue transferido a inmigración. Él había cruzado hace 8 años por el desierto, eso ya era un delito, ahora acusado de violencia doméstica no había más que discutir, a pesar de que su esposa se desistiera de la demanda, que reconociera que había mentido ante la autoridad y que no tenía manera de mantener a su hijo pues Ramón era el único proveedor de la casa, después de un mes en la cárcel fue deportado a Colombia.
Nombre: Ramón J.
Edad: 28 años.
Tiempo en EU: 8 años.
Lugar de Origen: Medellín, Colombia.
Lugar de detención: Nampa, Idaho, entregado por la policía local.
Nivel de custodia: medio.
Ya sea porque salieron de forma voluntaria u obligada, antes de partir y ya formados se practicaba un ritual de hermandad, todos se deseaban suerte y se les aplaudía con emoción, luego eran pasados al mismo proceso que habían hecho al entrar, pero a la inversa, les devolvían su ropa y pertenencias y se les colocaba en una celda colectiva en donde esperaban impacientes a que el transporte llegara.
Algo que revelaba mejores datos que las propias estadísticas era la ropa, vestían las prendas con las que habían sido detenidos, con rótulos y logotipos de empresas de construcción, de jardinería, de talleres mecánicos o granjas agrícolas, las botas manchadas de pintura o cemento no dejaban duda, muchos de ellos fueron removidos de sus lugares de trabajo y entregados a inmigración.
Dato: La administración de Donald Trump ha establecido como meta deportar un millón de inmigrantes indocumentados durante su primer año de gobierno, para ello se busca aumentar el presupuesto de la agencia de $9 mil millones hasta $175 mil millones en una década, lo que permitiría expandir el personal, colaborar más estrechamente con la policía local y utilizar empresas privadas para el análisis de datos y la identificación de objetivos. Fuente: Gobierno de Estados Unidos.
A diferencia de los deportados mexicanos que eran llevados en autobús a la frontera con Tijuana, quienes iban a Centroamérica salían en un vuelo que hacía escala en Texas o Florida, los sudamericanos también eran deportados en avión, pero algunos pasaban un par de semanas más en lo que se llenaba el cupo de la aeronave. Para quienes iban a Europa o Asia la espera era aún más larga, había quienes llevaban hasta seis meses aguardando su vuelo de deportación. Sólo el seis por ciento de quienes habían llegado al centro de detención pudieron quedarse en Estados Unidos, los demás fueron deportados, a todos se les concedió su deseo, aunque no en la manera en que lo querían. Todos pedían “Quiero irme a casa” y se les cumplió.
Seguimiento:
Anselmo: Fue dejado en libertad dentro de Estados Unidos después de pagar una fianza de 4 mil dólares, seguirá su proceso bajo monitoreo de la autoridad de inmigración.
Javier: Fue deportado a México, abandonado en Tijuana en donde el Gobierno Mexicano lo recibió en un albergue, le proporcionaron alimentos, hospedaje por dos días, le pagaron su boleto de autobús hasta Guadalajara y le dieron dos mil pesos mexicanos para sus viáticos.
Manuel: Regresó a Guatemala, sus padres ya habían muerto, aunque el pueblo luce casi igual que como lo dejó, al menos él sí pudo construir su casa. Busca incorporarse a trabajar al campo como lo hacía antes de irse.
Mikel: Al igual que muchos otros venezolanos, el tener tatuajes le valió que fuera considerado terrorista, fue llevado en avión al Centro para el Confinamiento del Terrorismo (CECOT) en El Salvador donde pasará al menos un año antes de ser enviado a Venezuela.
Jhonatan: Salió bajo fianza y se reunió nuevamente con sus hijas, regresó a su trabajo y con una pulsera de tobillo espera la corte programada para noviembre de este año en donde se definirá su situación jurídica.
Jesús: Volvió a Tabasco, busca nuevamente trabajo como chofer, no pudo guardar dinero y deberá empezar de ceros, pues el tratamiento contra el cáncer que, al final cobró la vida de su esposa, agotó todos sus recursos.
Ramón: Fue deportado a Colombia, su esposa e hijo nacido en Estados Unidos se quedaron dentro del país, pero debido al ambiente de hostilidad están prontos a devolverse a su lugar de origen.
Datos finales:
Durante la primera presidencia de Donald Trump (2017–2021), se deportaron aproximadamente 1.19 millones de inmigrantes, incluyendo tanto a personas con estatus migratorio irregular como a algunas con residencia legal permanente (green card).
En su segundo mandato, iniciado en enero de 2025, las deportaciones han aumentado significativamente. Sólo en el primer mes, se registraron 37 mil 660 deportaciones, incluyendo casos de residentes legales.
Un ejemplo destacado es el de Kilmar Armando Abrego García, un salvadoreño con residencia legal y protección judicial contra su expulsión, que fue deportado en virtud de un acuerdo entre Estados Unidos y El Salvador para enviar inmigrantes considerados peligrosos a una mega cárcel salvadoreña sin juicio previo. Este caso fue declarado ilegal por un juez federal, y el Tribunal Supremo ordenó su regreso, aunque la administración Trump señaló que ya no estaba en su jurisdicción y dejó en manos del gobierno salvadoreño el caso.
La administración Trump ha publicado una lista de 1.4 millones de inmigrantes indocumentados en proceso de deportación, clasificados por nacionalidad. Entre los países con mayor número de deportados están: Venezuela, Honduras, Guatemala, México y El Salvador.
Impacto económico: Informes económicos han encontrado que los planes de deportación masiva podrían resultar en una disminución del empleo para trabajadores nacidos en EE. UU. y una contracción del PIB entre 4.2% y 6.8%.